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martes, 18 de octubre de 2011

DUBAI. AT THE TOP!

Buenas. Por fin me pongo un rato a contaros cómo arrancó el viaje. No he tenido tiempo hasta ahora de hacerlo y, como no me aceptareis una notita de 3 líneas, he tenido que esperar hasta montarme en el avión de Dubai a Hong Kong, para estar un rato frente al ordenador tan majete que llevo y escribiros con ánimo de colgarlo (el texto y al piloto que está dando buenos tumbos) cuando me pueda conectar.

Pero, antes de nada, daros las gracias por vuestros comentarios –a ver si puedo conectarme un rato y contestaros- y la bienvenida a los nuevos (Pili, Paco, Juan Carrillo, que me había confundido con tu hermano…) Además, os animo a que paséis de anónimo a “nóminos” porque de algunos comentarios puedo adivinar el autor, pero de otros no acabo de averiguar quiénes sois. Por otro lado, en vista de que los textos decorados y floridos os dan bastante juego, éste (por fastidiar, más que nada) será más sencillote.

Tras hacer un simpático Málaga-Gatwick-Train to London-Metro to Heatrow-Dubai, aterrizamos mi macuto, mi invento chino de ruedas y mi pasaporte de las ilusiones a las 7:30 am con la agradable temperatura de 29 grados y una humedad considerable. Atendiendo a que la gasolina cuesta aquí 33 cént/litro y que los transportes públicos andan ahí, ahí, me alquilo un Ford Figo (tipo Fiesta) por 18 euros el día. Pronto descubro que el coche es indispensable. La gente vive en el coche. En la gasolinera no se bajan para repostar, en los bares-cafeterías silban a los camareros con el claxon y les traen su comida para llevar y, si tienen que bajarse para algo rápido, sin problema (tenías razón, Luis) se los dejan arrancados para mantener el aire acondicionado. Todo ello porque fuera hay un cocktail de arena del desierto, carreteras de siete carriles, cruces con hasta 6 turnos de semáforo y mucha humedad que hace que los 35-37 grados suban a una sensación térmica de 43-45 grados. Como dice una amiga mía: sudar no, lo siguiente. ¡¡Y eso que estamos al final del verano!! Para daros una idea, las paradas del autobús urbano son habitáculos cerrados con aire acondicionado.

Es la primera impresión que te llevas de este país que, al menos para mí, es como me lo imaginaba en bastantes aspectos pero más grandioso si cabe. Otra impresión inevitable es la explicación de porqué pagamos en España la gasolina a precios astronómicos. Sin duda con eso se paga la cantidad de edificios que se han hecho y se siguen haciendo. Las grúas forman parte del paisaje de Dubai y Abu Dhabi. Incluso de noche están iluminadas como parte de los rascacielos. Pero no se queda ahí la cosa; por doquier están los Lexus, los Hammer, los Bentley o los Porsches (ni un mísero Renault…) circulando por avenidas de 6 carriles y por puentes que serían la envidia de Gotan. A eso le puedes añadir los 70 centros comerciales que tiene Dubai, la desorbitante mezquita de Abu Dhabi, el mastodóntico complejo Ferrari World, la pista de ski artificial o el monorail exclusivo que cruza en la famosa “Palmera” (tan enorme, Paco, que casi no te enteras que estás en ella), repleta de bloques, casas, hoteles y arena en un inmenso espacio robado a mar. Del Oro Negro surge una ciudad color blanco, plata y oro… ¡Mal repartido anda el mundo!

Titulo este “cuento” Dubai at the top porque a cualquier sitio que vayas te encuentras con un “el más…. del mundo”. Tienen el rascacielos más alto del mundo (Burj Khalifa), el único hotel con 7 estrellas del mundo (Burj Al Arab), el hotel de más costosa construcción del mundo (El Heritage de Abu Dhabi), el sistema de metro sin conductor más extenso del mundo (Dubaimetro), la carrera de caballos más prestigiosa del mundo (Horse Riding Dubai Cup) la alfombra de una pieza más grande del mundo (alfombra iraní de la mezquita de Abu Dhabi, 42 toneladas), las mayores parcelas artificiales del mundo (Palm Jumeira) y, yo creo que hasta los semáforos más largos del mundo (dan turnos a tantos carriles y direcciones que puedes esperar minutos hasta el verde). Todo esto surge a partir de los 50-60 cuando se descubre el petróleo, si bien la fuente de ingresos de Dubai tiene grandes afluentes en el turismo y el oro también. En 1971 se unen Dubai, Abu Dhabi, Sharjam y 4 emiratos más para formar EAU. En la actualidad cuenta con 6 millones de habitantes y ha crecido tanto gracias al petróleo y a una política de fronteras abiertas, exenciones fiscales y atractivos para multinacionales de todos los sectores y a mucha publicidad en el extranjero, sobre todo en lo deportes (que se lo digan al Málaga con la vecina Qatar). Y eso es principalmente los Emiratos Arabes Unidos. Bueno, eso es el escaparate. La trastienda tiene más cajas. Alguna he podido abrir y contiene alguna sorpresa. Por ejemplo, tan solo el 30% de los habitantes de los Emiratos son emirites (si es que se dice así en español), es decir, oriundos de estas ciudades que, aun con asentamientos de centenares de años, se desarrollan principalmente durante el siglo XIX. El resto son mayoritariamente asiáticos, principalmente de India y alrededores. Pero el puzle se completa con gente de todos los colores. Hay censados residentes (que no ciudadanos) de casi 200 países. Ahí es nada. Otra caja nos dice que solo pueden ser ciudadanos los hijos de padres y, no siempre, madres de los Emiratos. En ocasiones, puede la mujer perder su nacionalidad si se casa con un extranjero. Si te casas con alguien del país, no tendrás la nacionalidad de EAU. Ni aun habiendo nacido en el país serás considerado ciudadano de aquí. Ni lo serán tus hijos o nietos. En otra caja, se encuentra la estructura social; hay como tres estratos. La familia real que gobierna el país (el presidente de la nación es el gobernador de Abu Dhabi, ciudad de mayor población y capital oficial, y el segundo al mando lo es de Dubai, ciudad económica y turística por excelencia). Ellos eligen a sus ministros a su antojo de entre un Consejo que parece que sí elige el pueblo en parte y que tiene cupos de cada emirato. Claro que, para ser miembro de ese consejo tienes que ser musulmán, ciudadano emirate y trabajar para el pueblo. Luego están los ciudadanos oficiales que aceptan esta estructura porque tienen de todo, se les proporciona estudios, trabajo y servicios y hasta mano de obra barata. Y lo aceptan bajo este prisma: si cambiamos de dirigentes cada 4 años, vendrían a forrarse e irse. De esta manera, siendo la misma familia y ya multimillonaria, no necesitan lucrarse y trabajan en favor del pueblo. En la base de la pirámide están los hindúes y asiáticos. Los ves con un mocho detrás de ti cuando sales de un aseo, pavimentando carreteras, de camareros, de recepcionistas, con pequeñas tiendas o de obreros. A las 6 termina su jornada y ves como todos suben a los autobuses de la empresa de construcción que supongo los llevarán a dormir a pisos fuera de la ciudad. ¿Justo? Pues sí porque vienen porque quieren, legales la mayoría y les dan un trabajo que seguramente está mejor que el que tenían en su país. O no porque no tienen los mismos derechos, no pueden acceder a la ciudadanía y difícilmente conseguirán ascender en sus trabajos (si bien hay casos que sí). Cada uno tendréis vuestra opinión. En cualquier caso, es fácil ver la diferencia; si son amables, te miran a la cara, llevan ropa normalita y transmiten sencillez, seguramente son asiáticos del este. Si van con sus túnicas blancas ellos y sus burkas negros ellas (la moda ahora, chicas, es dejarse asomar el tocado bajo el pañuelo), no hacen ni por mirarte cuando te hablan, y rebosan prepotencia, tiene las de ganar la apuesta de que son emirates. Hay que reconocer también que son mucho más abiertos de mente Eso sí, la dicotomía jeque-moro se inclina hacia lo segundo cuando de vender se trata (sin ser tan traficantes como en otros países árabes, cierto es) o cuando se ponen al volante. No saben lo que es un ceda el paso. Supongo que ellos inventaron aquello de “dichosos los que creen en los pasos de cebra porque pronto se reunirán con Allah”.

Una cultura, como veis, bien distinta. A mí me ha impresionado el espectáculo que tienen formado. Me acuerdo que cuando llegué a Las Vegas me quedé anonadado con lo que habían hecho los yanquis en mitad del desierto. Pero es que aquí los árabes, en el mismo hábitat creo que lo superan con creces. Conducir en la Palmera sabiendo que debías estar hundiéndote, ver la ciudad a 450 metros de altura en un edificio de más de 800 metros (Koldo, alucinarías con el “make off” de cada detalle de la construcción y con el edificio en sí), ver la mole de Ferrari, estar sentado tomando un café mientras los coches de Formula 1 pasan a 30 metros tuya y, 30 metros más allá tener tu yate amarrado o perder la cuenta de cuantos helipuertos hay en los rascacielos es una experiencia que, efectivamente, ausente de espíritu y de carácter humano, hay que admitir que es única.

No me extiendo más. Abierto a preguntas y curiosidades quedo que ya acordamos que parte del viaje haré de “espía industrial” de los sitios donde vaya para iros chivando vuestras curiosidades.

JD 

Tips:

¿Qué vi? = Dubai, Burj Khalifa, Abu Dhabi, Ferrari World, Sharjam, The Palm Jumeira, Abu Dhabi F1 Circuit
¿Dónde dormí? = Hoteles medianos a 20-30€ per. aunque me hicieron oferta especial.
¿Qué comí? = Showarma, una especie de pastel-pizza de queso y verduras muy rico, zumos naturales, humus.
¿A quién vi? = A nadie famoso pero sí a varios guías que te acercan la cultura del país y a un recepcionista de Bangladesh muy majo.
¿Qué traba encontré? = Ninguna en particular.
¿Qué me agradó? = Buenas indicaciones de carreteras y poder entenderme en inglés en todos sitios.
¿Qué me disgustó? = El calor te tiene todo el día sudando y te limita los paseos, incluso por la noche.